Desde que nació mi hija Amalia, soñé con llevarla a Disney World cuando cumpliera cinco años. No sé si era por el deseo de ver su carita iluminada al conocer a sus personajes favoritos o por la ilusión de vivir esa magia juntas, pero este año ese sueño se hizo realidad.
Fuimos los tres: mi esposo, Amalia y yo. Planeamos este viaje a Disney World con amor, como un regalo especial para celebrar sus cinco años y terminó siendo también un regalo para mí como mamá. Un viaje lleno de momentos mágicos, aprendizajes, y sobre todo, una oportunidad de reconectar con lo que más valoro: el equilibrio familiar.

La magia está en los pequeños momentos
No puedo olvidar la emoción en los ojos de Amalia cuando vio a Moana por primera vez. También cuando fuimos al restaurante de Mickey Mouse y vio a Minnie, o cuando en Akershus Royal Banquet Hall conoció a las princesas. Cada uno de esos momentos me recordó por qué vale tanto la pena crear recuerdos como estos.
Ver a mi hija vivir esas experiencias con tanta alegría me llenó el corazón. Fue un recordatorio de que muchas veces los momentos más sencillos son los más valiosos. Y para mí, ese viaje a Disney World fue una oportunidad de ver la infancia a través de sus ojos.
No todo tiene que salir perfecto, y eso está bien
Como mamá, a veces queremos que todo salga exactamente como lo planeamos. Esta vez, hicimos nuestra tarea: Disney permite hacer reservaciones en restaurantes 60 días antes, y aprovechamos esa ventaja al máximo. Teníamos todos los restaurantes agendados, y cada uno fue una experiencia inolvidable. Visitamos:
- Chef Mickey’s, donde Amalia vio a Minnie y se emocionó como nunca.
- Akershus Royal Banquet Hall, donde conoció a sus princesas favoritas.
- Mama Melrose’s Ristorante Italiano, perfecto para una comida más tranquila y deliciosa.
- Frontera Cocina, con sabores latinos que nos hicieron sentir como en casa.
- Space 220 Restaurant, una experiencia única y futurista que nos dejó a todos con la boca abierta.
Sin embargo, hubo algo que no pudimos lograr: no conseguimos cita para la Bibbidi Bobbidi Boutique, uno de los regalos principales que tenía planeado para ella. Lo tomé con calma. En lugar de frustrarme, decidí vestir a Amalia con outfits de princesa durante cuatro días. No tenía corona ni maquillaje de fantasía, pero su emoción era tan genuina que no hacía falta nada más. Cada mañana elegíamos juntas su vestido, y verla caminar por los parques sintiéndose parte del mundo de Disney fue mágico. A veces, los planes no salen como los imaginamos y aun así, el recuerdo termina siendo aún más especial.
Además, algunos rides que queríamos hacer tenían demasiada espera. Decidimos priorizar lo importante: lo que realmente queríamos, lo esperamos con gusto; lo demás, simplemente lo dejamos pasar. Aprendí que el equilibrio familiar también implica saber elegir nuestras batallas y disfrutar lo que sí podemos hacer, sin estresarnos por lo que no.
También decidí llevar el coche de niño para ayudar a Amalia a descansar cuando lo necesitara, porque aunque sea una niña activa, cinco años todavía es una edad en la que se cansan fácilmente.
No tomé tiempo para mí, pero me sentí plena
Sé que muchas veces hablo sobre autocuidado y encontrar momentos para ti, pero en este viaje descubrí otra forma de cuidarme: disfrutando cada segundo con mi familia. No sentí la necesidad de estar sola o desconectarme, porque estar presente con ellos fue suficiente para recargarme.
A veces el cuidado personal no significa estar sola en silencio, sino vivir el momento con todo tu corazón, sabiendo que lo que estás haciendo también te nutre. Eso fue lo que sentí durante nuestro viaje a Disney World: una conexión total con lo que de verdad importa.
Ser mamá también es practicar la paciencia
Amalia lo vivió todo con tanta emoción. Ella misma decía a qué personajes quería ir a ver. Pero también hubo momentos en que no quería tomarse fotos o simplemente se cansaba. Aprendí a tener paciencia, a adaptarme a su ritmo y a entender que el equilibrio familiar no es forzar momentos, sino dejar que fluyan de forma natural.
Acepté que su experiencia era diferente a la mía y que su bienestar no estaba en que todo saliera perfecto, sino en sentirse libre, segura y amada
Un Final Perfecto para Nuestro Viaje a Disney World
Después de Disney, nos fuimos unos días a Cocoa Beach para visitar el Kennedy Space Center. Amalia sueña con ser astronauta, así que fue una sorpresa que le preparamos con mucho cariño. Cuando llegamos, dijo: “Ya no quiero ser astronauta, quiero ser Ariel.” Pero media hora después, volvió a soñar con las estrellas. Así es la niñez: mágica, cambiante y auténtica.
Ese viaje a Disney World nos ayudó a reconectar como familia. Estar juntos durante cinco días sin distracciones, compartiendo cada comida, cada risa y hasta cada berrinche, nos hizo más unidos. Fue una pausa necesaria para observarnos, reconectarnos y recordar que somos un equipo.
Consejos para otras mamás que sueñan con un viaje a Disney
Si estás planeando un viaje a Disney World en familia, aquí te dejo algunos consejos desde mi experiencia como mamá:
- Reserva los restaurantes con anticipación. Disney te permite hacerlo 60 días antes, y créeme, hace toda la diferencia.
- Acepta que no harás todo. Escoge tus prioridades y disfruta sin estrés.
- Lleva un coche si tu hijo tiene menos de 6 años. Aunque ya caminen bien, se cansan rápido.
- Ten snacks y agua siempre a mano. El clima y la espera pueden agotar a los más pequeños (y a ti también).
- Crea momentos mágicos sin depender de reservas. Un disfraz sencillo y una sonrisa pueden ser más que suficiente para un niño.
Disney fue mucho más que un parque temático. Fue una oportunidad para vivir el presente, practicar la paciencia, soltar el control y reconectar con mi familia. Aprendí que el equilibrio familiar no siempre se ve como una rutina perfecta o un horario bien planeado, sino como esos momentos en los que todos estamos juntos, presentes, y llenos de amor.
Volví con el corazón lleno y con la certeza de que cuidar de mi familia también es cuidarme a mí. Me recordó por qué hago todo lo que hago, por qué me esfuerzo cada día, y cómo quiero seguir viviendo: con intención, con amor y con equilibrio.
Si tienes la oportunidad de hacer un viaje a Disney World en familia, no lo pienses dos veces. No se trata solo de ir a un parque, sino de regalarle a tu familia el tiempo, la atención y la conexión que tanto necesitan.
